
Real Madrid dejó escapar una ocasión única de fulminar la ‘maldición de San Siro’, estadio donde nunca ha ganado en Liga de Campeones y ha protagonizado sonoras caídas, y pese a firmar la mejor primera parte de la temporada, le faltó continuidad en su fútbol para dar un golpe de autoridad (1-1).
Ha encontrado Manuel Pellegrini su equipo tipo, aún sin Cristiano Ronaldo y con Raúl González en el banco. En un encuentro que todos quieren jugar, el capitán se quedó por quinta vez en el banco en dos meses de competición. Higuaín merecía continuidad y la paciencia con Benzema acabó dando resultado.
Con los errores del encuentro del Bernabéu aprendidos, el conjunto madridista impuso un alto ritmo de juego para desgastar a un Milán con una media de edad superior a la treintena de años.
Kaká era el gran protagonista del partido. Regresó a la casa donde se convirtió en el mejor del mundo. Donde su nombre se proyectó para devolver a lo más alto a un equipo plagado de éxito en su historial. Activo en cada minuto, no se cansó de intentarlo. Hasta en cuatro ocasiones disparó a Dida. En una de ellas nació el gol madridista.
Había avisado Benzema con un disparo cruzado ajustado al palo y otro alto, cuando a los 29 minutos se encontró el rechace del disparo de Kaká y superó a Dida, retomando el testigo de Joseito. El único madridista que marcó en competición europea en San Siro, en 1956, en una larga lista de fatídicos partidos.
Era el premio justo al mejor Real Madrid de la temporada, pero la maldición de San Siro debía justificarse. En una acción aislada, Pepe se lanzó y desvió con el brazo un centro. Penal. Ronaldinho no dudo y colocó en la escuadra su lanzamiento (min.34).
Despidió el primer acto el Real Madrid con disparos de Kaká, levantándose del golpe recibido en un encuentro digno de las fases finales de Liga de Campeones. Esa intensidad se diluyó en la reanudación. El Milán adelantó líneas y pasó a tomar el mando. Ambrosini pudo reflejarlo en el marcador pero su cabezazo fue desviado cuando tenía todo a favor (min.58).
Los nervios de los minutos finales dejaron dos errores defensivos madridistas. Un fallo de Pepe en el despeje no lo aprovechó Inzaghi, que instantes después cogía bien la espalda a Albiol pero chutaba al lateral. Sin embargo, la gran ocasión final, tras un potente disparo de Marcelo, la inventó Raúl. Su zurdazo se topó con la manopla izquierda de Dida en la parada de un partido digno de la mejor competición del mundo. Real Madrid y Milán se pelearán con Olympique de Marsella en un grupo que arde.



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