
Comienza la cuarta jornada de liga y el Sevilla llega al Nou Camp en el día de su aniversario para intentar paliar la derrota sufrida frente a un poderoso Arsenal en Londres. Tres goles como tres soles que, una vez visionado el partido del otro día, parece que pesaron de más al equipo de Juande Ramos.
Y es que el Barça ganó 2-1 gracias a Messi y a los deméritos de un Sevilla que no inquietó a Valdés y que regaló el centro del campo a Touré y compañía. Parece que la Champions League comienza a pesar sobre los hombros de los sevillistas a las primeras de cambio, y ya no por la derrota sino por el juego exhibido.
A pesar de la victoria, el juego del Fútbol Club Barcelona dejó mucho que desear, prácticamente igual que desde el primer partido de pretemporada. Tedio, movimientos lentos y sin llegar arriba de manera clara.
Son varios los problemas que arrastra el conjunto azulgrana, pero sobre todo es la pérdida de ese juego eléctrico y rápido que un día le convirtieron en el mejor equipo del mundo. Y ese juego perdido es obra de la pérdida de peso de sus jugadores en el once inicial.
En primer lugar, la baja forma de Márquez en su momento obligó a Rijkaard a proponer una pareja de centrales distinta, con dos jugadores de corte muy defensivo. Toscos y fuertes. Entre ellos, Puyol. Un equipo que quiere mantener el balón no puede jugar sin un central que sepa iniciar la jugada de una manera cuanto menos correcta. Y el mexicano es idóneo para eso.
Por otra parte se encuentran los laterales. En su día recuerdo que Belletti y Gio eran dos aviones que llegaban una y otra vez hasta la línea de fondo rival. Y no se notaban defensivamente sus escarceos en el área del contrario porque podían volver sin demasiado desgaste físico, o había jugadores que se sacrificaban tapando el hueco. Ahora Abidal y Zambrotta, que teóricamente son mejores, no cumplen tal papel, sólo de una manera reducida.
Otra de las claves es la pérdida de peso en el centro del campo de Xavi. Probablemente culpa de su lesión de rodilla, pero también es porque su verdadero puesto es el que ahora ocupa Yaya Touré, lugar desde el cual movía al Barça cual Guardiola de antaño.
Y bueno, por encima de todo está Ronaldinho. El referente azulgrana ha dejado de ser tal, ya no es el brasileño y diez más. Además, las salidas del jugador y sus faltas a los entrenamientos no hacen más que abrir una herida en el seno del vestuario del Barça. Me recuerda mucho a la última época de Ronaldo con el resto de galácticos, y todo acabó con la marcha del brasileño…
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